El otro día leí en @rockvertising una especie de decálogo que me impactó por su exquisita manera de relacionar a nuestro trabajo con las profesionales del sexo. Siempre lo decimos cuando estamos currando hasta las mil, "vaya, parecemos putas con el cliente respirándonos en la nuca", pero os confieso que jamás lo había visto tan claro como cuando leí esta joya llamada "la vida del publicitario", verdades como puños, aunque hay que ser honestos, la única diferencia que tenemos con las prostitutas es que lo que hacemos, lo hacemos porque nos gusta y no por el dinero.





















