La primera de estas leyes es un invento de un guiri inglés discurrido al caerle una manzana en el colodrillo mientras dormía la mona bajo un árbol – un manzano, a la sazón – en plena resaca, tras un weekend de juerga loca en Mallorca según dicen las malas lenguas, que en la Pérfida Albión son prácticamente todas. Se desconoce que extraña y pervertida asociación de ideas tuvo el pollo en cuestión – un tal Newton – para llegar desde A (manzana) a B (ley de la gravedad), o lo que es lo mismo, a la conclusión, así dicha a bulto, de que la fuerza gravitatoria de la Tierra atrae a todos los cuerpos hacia ella con una fuerza equiparable a la masa de dicho cuerpo multiplicada por el coeficiente de aceleración de la gravedad terrestre, conocido como g -escrito así, sin punto… -, y cuyo valor constante es de 9,8.



















