Más de una vez he pensado que no es responsabilidad única y exclusiva de los Creativos el enriquecer con ideas a las marcas y productos. De hecho, creo que la verdadera responsabilidad de la innovación corresponde a los despachos de Marketing.
Sé que es sencillo sentarse en una silla forrada en cuero y exigir una idea grandiosa que ayude a solventar todas las estupideces cometidas entorno a un producto, pero lo ideal sería no tener que inventarse el motivo por el que algo merezca la pena, si no, que lo merezca sin más.
Recuerdo que de pequeño todos admirábamos a las marcas. Soñábamos con pertenecer a las grandes corporaciones, y hasta de hecho, creo que los anuncios eran grandísimas dosis de aspiracionalidad. La cosa es que me he dado cuenta (como seguramente lo hayáis hecho vosotros mismos) que hoy en día son las marcas las que envidian a las personas. ¿Somos las personas aspiracionales para las marcas?



































