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Infidelidad. En la vida y con las marcas

Admiro mucho a mi abuela. Crió a una familia maravillosa y estuvo al lado de su marido hasta su último aliento. Tanto en los buenos como en los malos momentos, ella estuvo ahí.

Hoy en día me atrevería a afirmar que las relaciones de esas en las que sólo la muerte te separa, están desapareciendo. Tanto en la vida como en la publicidad.

Vivimos asediados por un flujo de información constante. En nuestra vida personal luchamos cada día por ganar un amigo más en FB intentando convencernos de que no estamos tan solos. No sabemos estar solos y, la soledad, no es mala. Es necesaria.

Esta necesidad de reafirmación personal está llevando nuestro ego a unos  lugares un poco peligrosos.

He conocido a muchos que con el maldito Carpe Diem por bandera han hecho daño a mucha gente.  He conocido muchas marcas que con el maldito Carpe Diem por bandera van a perder a muchos clientes.

Tenemos mil marcas agregadas a Facebook y no le hacemos caso a ninguna de ellas.

En la vida, como en la publicidad, deberíamos tener responsabilidades. No obligaciones. No deberíamos estar compartiendo nuestra vida con alguien por obligación. La responsabilidad nace cuando crees en un proyecto.

Lo mismo con las marcas.

La publicidad de hoy no debería estar obligada a VENDER VENDER Y VENDER. La publicidad de hoy debería centrarse en establecer una relación responsable y duradera con la sociedad de consumo. ¿Por qué las marcas no entienden que da igual vender 100 unidades menos si, en el mundo de hoy, el mundo de la información, nosotros, los publicistas, logramos transmitir algo que perdure en el tiempo? Algo que nos haga reflexionar, entender, analizar, comprender, crecer. Pero algo.

Obviamente no todas las marcas se pueden subir a un globo y saltar desde el espacio o invertir mucho dinero en mejorar la vida de una comunidad pero señores, la publicidad no tiene que ser siempre tan épica y elitista. La vida está llena de detalles que podríamos mejorar. Porque podemos. Tenemos el poder y lo que es peor, tenemos el dinero.

Hoy en día con tanta necesidad de venta creamos unas relaciones con nuestros consumidores efímeras y muy muy frágiles. Les alentamos a la infidelidad. Les obligamos a que nos escuchen sin pretender responsabilizarnos en nada de lo que les rodea. Te prometo todo hasta que compres mi producto. Luego púdrete. Que yo te la he colao.

Hasta que marcas y consumidores no se responsabilicen con el mundo, éste, seguirá igual de vacío. Sólo nos quedará buscar la satisfacción en otras personas, en otros productos...

Hasta que no entendamos que no queremos un consumidor obligado seguiremos creando pequeños monstruos consumistas que lo único que harán será comprar, comprar y comprar. Muchas gracias. Hijosdeputa. 

Yo, por suerte, seguiré aprendiendo de mi abuela.

Por Javi Orovio para elrincondelpublicista.com
Puedes disfrutar de su blog y consultar el post original haciendo click aquí

1 Comentarios:

Mariela Alvarez dijo...

Interesante la analogía, yo estoy empezando en el medio con la carrera de Mercadotecnia en la UTEL y blogs de este tipo son de gran provecho, me encanta el contenido de éstos. Saludos

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