Estoy rodeada de egos, entre ellos el mío propio. Todos y cada uno de nosotros poseemos ese pequeño orgullo que sale a relucir cuando menos nos lo esperamos. Hay egos por todos conocidos y egos con los que tenemos que lidiar de vez en cuando, entre ellos el ego del creativo.
El ego del creativo se manifiesta desde ese instante en el que gana el primer premio, cuando escucha por primera vez “este anuncio es la po**a”, “¡qué bueno!”, “eres un crack” y cualquier frase que se os pase por la cabeza.
Ahí se empieza a engendrar el monstruo.

































